Te extraño mamá, es extraño hablarte de tu.
La verdad es que yo no se mucho a donde va todo esto, pero quiero que sepas que no hay día que no piense un poquito en ti. Que si, la casa es un desastre. Lo sé, también se que no te aprendí lo suficiente. Que no tome todo lo que podías darme, todo fue demasiado rapido y al mismo tiempo agradezco el haber podido despedirme de ti. Tener un poco de tiempo, para verte, para besarte los ojos y decirte te quiero y todas esas cosas que de pronto no sabia bien como hacer. Para llenarme de tu olor y de tu risa, de tus regaños. De toda esa bondad y sabiduría que quienes te conocimos usamos o dejamos pasar. La verdad es que hoy entiendo muchas cosas tuyas. Pasa el tiempo, más rapido de lo que quisiera pero ni con toda la fuerza que tiene he logrado hacerme a la idea. Me duele igual que Junio, solo que me distraigo, hago como que al día le han salido hojas verdes y el sol broncea mi piel. Y pongo una puta cara bonita. Pero de pronto, me pregunto por tu voz: ¿Cómo era? Y voy corriendo a esos vídeos que me hunden en llanto. Y no quiero, y no puedo, no me atrevo... Es como si me arrancaras un pedazo de piel de golpe. Pero me aterra más la idea de olvidar tu voz, tus palabras, tus dichos populares tan graciosos e inmortales -porque me los he aprendido todos- así tenga que limpiarme los ojos millones de veces y fingir que no hay llanto. Que sigo haciendo bromas estúpidas. Pero en las noches, cuando llego a casa a veces te imagino en la puerta esperándome como si fuera una niña pequeña.
No sabes lo dichosa que era.